La perspectiva del matrimonio la hablamos desde el minuto uno. Siempre han estado ahí argumentos como «al final es solo un papel», «si os queréis de verdad, no hace falta decirlo delante de nadie», pero eso mismo nos llevaba a pensar qué tenía de especial el matrimonio cristiano. Desde esa perspectiva efectivamente no es solo firmar en un papel para cambiar de estado civil ante la sociedad, sino que es una vocación: nos elegimos el uno al otro cada día por encima de todo, imitando el modelo de familia que reflejaban María, José y Jesús. Este modelo no se basa en «consumir y utilizar» a la otra persona, pues hoy parece que el único que importa eres tú y que tu pareja es «algo» secundario. Con el sacramento nos prometemos trabajar juntos para hacernos mejores personas el uno al otro, con todas las consecuencias y sacrificios que eso conlleve.
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