En España ocho de cada diez matrimonios se celebran por lo civil, pero ha aumentado el prestigio del matrimonio religioso entre los jóvenes menores de 35 años que ya se han casado. Así se desprende del estudio realizado por la Universidad Pontificia de Comillas. En ese tramo de edad, el 48,6% lo ha hecho por motivos religiosos y son los que más seguros están de su matrimonio. Es decir, «casarse por la Iglesia» da una mayor percepción de durabilidad de la unión. El director de la cátedra Amoris Laetitia, responsable del estudio, explica que, aunque el entrevistado no sea creyente o incluso sea muy crítico con la Iglesia, «respeta a quien se casa religiosamente si es una convicción auténtica y está de acuerdo en que ese tipo de matrimonio le ayudará como pareja». El profesor Fernando Vidal añade que la mayoría de parejas no retrasan la boda por comodidad, falta de compromiso o temor al fracaso, sino por cuestiones económicas y laborales. Por eso anima a las parejas a «liberarse de la parafernalia, de la presión social y del excesivo gasto» que rodea la ceremonia y «hacer suya la liturgia, profundizar en su sentido y expresar con sencillez lo esencial del paso que dan ese día».
El papa Francisco, en un encuentro con más de 70.000 jóvenes italianos en 2018, invitó a arriesgarse en el amor y a no «comprar» esa libertad sin vínculos que nos venden, sin compromisos y siempre con alguna vía de escape. «Si el amor viene hoy –decía–, ¿por qué tengo que esperar tres, cuatro, cinco años para que crezca y se haga estable?». «La mayor libertad es el amor –afirmaba– así que, si lo has encontrado, ¿por qué esperar?». Ahora bien, se refería al amor verdadero, no al «simple entusiasmo» disfrazado de amor. De ahí la importancia del acompañamiento y el discernimiento antes de tomar la decisión. Algo que muchas parejas siguen demandando.
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