Jesús va camino de Jerusalén acompañado de sus discípulos. Ya ha empezado a prepararlos para el momento decisivo: el rechazo de las autoridades religiosas, la condena a muerte por parte de los romanos y la crucifixión, a la que seguirá la resurrección.
Es un tema duro de entender para Pedro y los demás que lo han seguido, pero el Evangelio de Marcos nos acompaña en este descubrimiento progresivo de la misión de Jesús: llevar a cabo la salvación definitiva de la humanidad mediante la fragilidad del sufrimiento.
Durante el recorrido, Jesús se cruza con muchas personas y se muestra cercano a las necesidades de cada uno. Aquí lo vemos acoger el grito de ayuda de un padre que le pide que cure a su hijo pequeño, con graves dificultades, probablemente epiléptico.
Para que el milagro se realice, Jesús también le pide una cosa a este padre: que tenga fe.
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