-¿Sabes que, al respirar, las aves reparten el aire entre los pulmones y las cavidades de sus huesos para poder volar más tiempo? -preguntó a Samuel su hermano mayor. -Me estás engañando -dijo Samuel incrédulo. -No, es verdad. ¿Cómo podrían volar hasta 2.500 km. si no flotaran como un globo? –respondió su hermano– Además yo no digo mentiras, ¿o crees que soy como el periquito?-
-¿Qué periquito? -, preguntó Samuel.
-El del cuento del maestro, ¿no te lo sabes?.
A Samuel le gustaban mucho los pájaros: el águila imperial, las cornejas, que pueden reconocer las caras de los humanos, los pavos reales, que son buenos guardianes, los cuervos, habituados a planificar sus tareas, los mirlos por su canto, los gorriones y sus bandadas, o los petirrojos, con su barriguita anaranjada... Su hermano lo sentó en sus rodillas y comenzó el relato.