En este pasaje del Evangelio de Mateo, Jesús prepara a sus discípulos para su regreso definitivo e inesperado, que los sorprenderá.
También en aquella época había muchas dificultades, guerras y sufrimientos de todo tipo. Para el pueblo de Israel la esperanza descansaba en la intervención del Señor, que pondría fin a las lágrimas. Así pues, la espera no era motivo de espanto, sino más bien de consuelo, como tiempo de la salvación.
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