Los smartphone son el nuevo sol en torno al cual gira todo nuestro universo: organizan nuestra vida social y laboral e incluso el tiempo libre. Y les dejamos hacerlo porque son útiles. El problema aparece cuando las personas empezamos a estar al servicio de nuestros móviles y no al revés. El artista Neil Harbisson, la primera persona reconocida como ciborg por su gobierno debido a una antena que lleva implantada en el cerebro, lleva tiempo diciendo que vamos camino de convertirnos en «ciborgs psicológicos». Por ejemplo, cuando se nos apaga el móvil, explica, decimos «me he quedado sin batería». Yo, no el aparato.
El Ministerio de Sanidad ya alertó el año pasado del uso compulsivo que el 18% de los adolescentes de entre 14 y 18 años hace de internet, por eso el gobierno incluyó por primera vez el móvil en su Estrategia Nacional de Adicciones. Y es que, para numerosos consumidores, la dependencia de este dispositivo o la obsesión por los «me gusta» de las redes sociales están empezando a convertirse en una auténtica adicción, llevándolos a sufrir trastornos físicos y psicológicos cuando olvidan el móvil en casa o se quedan sin batería.
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