Una amiga mía me contó cómo una vez habían resuelto en su casa el «trance» de los regalos de Reyes. La idea me pareció tan válida que la compartí con mi familia: en vez de comprar regalos, que ya tenemos muchas cosas, este año hemos decidido destinar el dinero de los regalos a una acción solidaria. También con esta inquietud de compartir, hace unos meses presenté una ponencia en un congreso y me indicaron que habría una compensación económica. Tiempo después me llegó un ingreso de 150 euros cuyo remitente no estaba claro, luego averigüé que era lo del congreso. Me parecía innecesario, así que lo destiné a personas que lo necesiten más que yo.
Me doy cuenta que esta «cultura del dar» es contagiosa. Mi hija pequeña ya ha crecido y en vez de ir al colegio en el autobús escolar, ahora va en transporte público, pues me dijo que la ruta costaba mucho dinero. Como la iniciativa había sido suya, le propuse que, puesto que ella estaba haciendo un esfuerzo, y además le supone madrugar más y caminar un rato con frío o lluvia, si le parecía bien ahora podríamos destinar ese dinero que estábamos ahorrando a una adopción a distancia de Familias Nuevas. Le pareció una idea estupenda y ya ha hecho la adopción.
C. C.
Leer más