Me imagino que hablar en Ciudad Nueva de las escenas de violencia que se han producido en Barcelona no es un asunto que aporte mucho a la fraternidad universal. Lo digo sin ninguna sorna. Pero al menos, si me lo permiten, un «¡Ay!» me gustaría dejar en sus páginas.
Además de la información que he seguido en varios medios, he prestado mucha atención a uno de mis grupos de Whatsapp, en el que hay personas con distintas opiniones sobre el independentismo. Todos sin excepción han lamentado la desconcertante explosión de violencia, alguno incluso llegó a somatizarlo: «Me duele la barriga por tanta tensión emocional». Una de estas personas, que está recuperándose de un cáncer, decía el día 14 que quería «ser instrumento de “su paz”» y le ofrecía a Dios su dolor. Varios del grupo expresaban su «cercanía a Cataluña», o su «corriente de afecto» por la cruda realidad del momento, o rogando por que «no hubiera altercados serios, ni muertos».
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