Siguiendo mi camino
(Leo McCarey, 1944). Comedia musical. Un joven y agradable sacerdote llega a una parroquia de los barrios pobres de Nueva York dispuesto a hacer actividades a favor de la parroquia. A pesar de cierta fricción inicial, se las arregla para tener una buena relación con el pastor, mayor que él y más severo.
El filme es un reclamo a la fe, una poderosa oda a unos tiempos necesitados de toneladas de esperanza, tras la devastadora conflagración bélica. Supone un canto optimista y luminoso a los buenos sentimientos, a la bonhomía, a la bondad, a la generosidad, al amor al prójimo, a la ternura en su mejor y menos devaluado concepto.
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