El apóstol Pablo escribe a Timoteo, su «hijo en la fe» (1 Tm 1, 2), con quien ha compartido su actividad evangelizadora y a quien ha encomendado la comunidad de Éfeso. Sintiéndose próximo a morir, Pablo lo alienta en esa esforzada tarea de guía, pues Timoteo ha recibido un «buen depósito» –el depósito de la fe cristiana– tal como lo transmitieron los apóstoles, y tiene la responsabilidad, a su vez, de comunicarlo fielmente a las generaciones sucesivas. Para Pablo esto significa proteger y hacer que resplandezca el don recibido, y estar incluso dispuesto a dar la vida con tal de difundir la alegre noticia que es el Evangelio.
«Conserva el buen depósito mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros».
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