Hoy en día, mientras un amplio sector de la sociedad, sobre todo los católicos, da la batalla contra el aborto, se nos está colando otra clase de aborto no menos grave: los ancianos. Muchas veces he oído decir que, cuando los abuelos se vuelve dependientes, no pueden ser mantenidos en el hogar familiar porque son un obstáculo para la familia. Por eso cada vez hay más «abortos de abuelos», que son internados en una especie de gueto, incluso lujoso, donde están bien atendidos.
Soy cooperante voluntario en residencias de ancianos y debo decir que no basta con «estar bien atendido». Conozco residencias privadas, concertadas, oficiales y religiosas. La atención en cada una de ellas depende en gran medida de las personas que se ocupan de las tareas, cuyo número es siempre insuficiente, pero sea cual sea la calidad de esa atención nunca podrá suplir el vacío afectivo que se produce en los mayores al no convivir con su familia. Una hora de visita de un hijo o un nieto es más valiosa para ellos que la mejor atención profesional.
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