«¡Sofíaaa! Por favor, pon la mesa mientras voy a comprar el pan», gritó su madre. «¡Vaaale!». Estaba a tope con la partida en la tablet, respondiendo mensajes y entretenida en dar likes… «¡Ya estoy aquí!», oyó a su madre. «¡Vaaale!», respondió ella y siguió a lo suyo. ¡Estaba tan atareada! Cuando su madre abrió la puerta de la habitación tenía una buena cara de enfado. «¿Qué pasa?», preguntó Sofía. «Baja a comer por favor. ¡Vaya vacaciones!». «Sí, me encanta el tiempo libre, dijo Sofía sin dejar de mirar la pantalla del móvil.
Sofía se sentó a la mesa, levantó la vista vio que su madre venía hacia ella para servirle con el cucharón. «¡Mamáaa!», avisó Sofía. Antes de que pudiera detenerla, su madre había dejado caer las verduras ante ella. ¡Pero no había plato! «¿Quieres un poco de agua?», le preguntó, y sin darle tiempo a contestar, se la sirvió en un vaso imaginario. «¿Quieres más?»... Acto seguido, la madre cogió el teléfono, pero el de cable, y Sofía la oyó hablar con su abuela. Al poco, estaban en el coche. La abuela vivía en un pueblo muy muy pequeño en medio del campo. Era la primera vez que Sofía lo visitaría. Siempre era su abuela quien iba a verlas.
Leer más