Beatriz y yo nos conocíamos desde muy pequeñas, desde cuándo íbamos a la guardería. La verdad es que no nos hicimos amigas inmediatamente, sino que con el paso del tiempo llegamos a hacernos inseparables. Y claro, ¡es que hemos pasado tantos años juntas! Juntas hemos compartido nuestras primeras experiencias, muchas veces hemos reído o llorado juntas, hemos dormido y nos hemos despertado en la misma habitación, hemos ido juntas de vacaciones a los mismos lugares... En definitiva, para mí era como una hermana.
Pero de pronto todo cambió. En día empezó a comportarse conmigo de una forma que yo nunca me habría esperado; desde luego no por parte de ella. Nunca me habría imaginado que, para no quedar ella mal delante de los demás, dejaría que yo cargara con la culpa. Me sentí tan mal y tan traicionada que se me derrumbó todo lo que habíamos compartido.
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