Cerca de 60 asociaciones y partidos se sumaron en abril a la campaña «Por una escuela pública y laica. Religión fuera de la escuela», reabriendo así el debate en torno al papel de la asignatura de religión en las aulas. Por su parte, la asociación Ven y Verás ha puesto en marcha otra campaña, centrada en el derecho de los padres a elegir el modelo educativo más adecuado para sus hijos, algo que abarca desde la elección del tipo de centro, hasta la posibilidad de elegir (o no) esta asignatura.
Quienes pretenden eliminar la Religión del currículo escolar, dicen hacerlo para «potenciar la educación laica», sin observar que la pluralidad educativa enriquece a todos. Actualmente, las confesiones católica, islámica, evangélica y judía tienen acuerdos con el Estado para regular el derecho a la libertad de elección de los padres, pero el Gobierno quiere eliminarlo. Su principal argumento es que la fe debe limitarse al ámbito privado. El problema es que se confunde la fe, que sí es una opción personal, con una materia que invita a conocer, desde la razón, las raíces culturales, el arte y la historia de nuestra civilización. Que luego esta asignatura pueda darle al alumnado elementos para creer no debería considerarse «adoctrinador», ya que «solo son verdaderamente libres de no ser religiosos quienes tienen el conocimiento para serlo». Esta frase se la escribió el conocido socialista y ateo Jean Jaurés a su hijo antes de empezar la 1ª Guerra Mundial, cuando este le pidió un justificante para no ir a clase de religión. Y el socialista se negó porque quería que su hijo recibiera una instrucción «completa», lo cual no sería posible sin un estudio serio de las cuestiones religiosas: «¿Qué comprenderías de la historia de Europa y del mundo entero sin conocer aquello que dio origen a una nueva civilización? ¿Y del arte, las letras, el derecho, la filosofía o la moral?», le preguntó a su hijo.
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