A menudo hemos oído a expertos hablando de la importancia del juego para el desarrollo saludable de los niños, en cambio hay poca bibliografía que anime a los padres a jugar con sus hijos, para su propio bienestar.
La falta de tiempo, la fatiga, el rol de padres son algunas de las causas por las que se juega poco. Yo sumaría otro factor que no sé si es muy mencionado: aquellos padres que ven lejana su infancia no logran “simular ser niños”, y entonces se presenta una dificultad en la dinámica del juego. Habitualmente vemos escenas, en casa y fuera de ella, en que los niños juegan más con sus iguales, con sus hermanos, mientras los padres se limitan al papel de adultos, es decir, ver jugar a los niños mientras ellos hablan con amigos o leen un libro.
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