Después del relato trágico de la muerte de Jesús en la cruz, que ha sumido a los discípulos en el miedo y el desánimo, el evangelista Juan anuncia una novedad sorprendente: ¡Él ha resucitado y ha vuelto entre su gente! Por la mañana del día de Pascua se ha dejado ver y reconocer por María de Magdala, y esa misma tarde se aparece a otros discípulos, encerrados en casa por ese profundo sentimiento de desánimo y derrota que los ha invadido.
Él va a buscarlos, quiere reunirse de nuevo con ellos. No importa que lo hayan traicionado o hayan huido ante el peligro; Él se aparece con los signos de la pasión: las manos y el pecho heridos, traspasados, desgarrados por el suplicio de la cruz. Su primera palabra es un deseo de paz, un verdadero regalo que penetra en el alma y transforma la vida.
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