Desde que llegué a Haití, en 2010, es la primera vez que he visto una crisis social, económica y política tan fuerte en el país. Lo que empezó siendo un movimiento social pacífico promovido a través de las redes sociales para protestar por la situación actual, se ha tornado en graves disturbios, enfrentamientos y bloqueo de carreteras en todo el país. Dadas las circunstancias, decidimos cerrar las oficinas de CESAL y permanecer en casa. A mi alrededor muchos deciden irse, salir del país temporalmente... Los tres españoles del equipo, Jordi, Patricia y yo, decidimos quedarnos. No lo dudamos.
CESAL es una ONG de cooperación internacional y acción social presente en 14 países. Nació a partir de una experiencia cristiana vivida comunitariamente y abierta al mundo. Actúa siguiendo los criterios y sugerencias de la doctrina social de la Iglesia y de la rica experiencia histórica que la alimenta. Cuando pensé en la misión de CESAL, en por qué estamos aquí, la respuesta me vino enseguida: nos quedamos porque lo primero son las personas. Y no sólo los campesinos, las agricultoras o los niños de nuestros proyectos, también mis compañeros y compañeras de equipo. Si en el centro de todo está la persona, con sus circunstancias, su cultura, sus valores, con todo, no puedo dejar a mi equipo.
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