Saburo estaba cansado de no poder salir a jugar al bosque, y sus amigos también. El clan de los Takeda había asediado la fortaleza donde vivían y sus soldados impedían que nada ni nadie pudiera entrar o salir.
Al principio les pareció emocionante romper la rutina. Incluso fácil poder resistir. Contaban con alimento y suministro de agua, y dado que era muy aburrido estar ahí plantados delante de la fortaleza, Saburo pensó que los soldados no tardarían en irse. Pero después de varias semanas, tanto el ánimo como el alimento escaseaban, y además el suministro de agua que les llegaba desde un arroyo cercano lo habían boqueado. Al muchacho al principio no le importó, porque no le gustaba mucho lavarse, pero cuando apenas les quedaba líquido para beber, la cosa no era ya tan emocionante.
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