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Y Dios tenía un plan

Mario Ciabattini

El imán Warith Deen Mohammed fue líder espiritual de millones de musulmanes afro-americanos. Recordamos aquí su estrecha amistad con Chiara Lubich.
He tenido la gran fortuna de conocer personalmente tanto al imán W. D. Mohammed como a Chiara Lubich, y pude ayudar a que se estrechara la relación entre estas dos personalidades carismáticas. Ahora el imán también se ha ido, y parece más evidente que el sueño de sus vidas fue el mismo: la unidad de la familia humana. ¿Cuál fue la peculiaridad de esta relación? Chiara misma respondió a esta pregunta hace unos años: «Mi relación con el imán es igual que la que tengo con otros líderes religiosos, pero también es distinta. Con él me encuentro más a gusto, porque me parece que Dios lo ha puesto en nuestro camino, y viceversa, para que llevemos a cabo su plan de amor, que iremos entendiendo a medida que aumente la comunión y la colaboración entre nosotros». Por su parte, y a pesar de ser de raza, religión y sexo distintos, desde el principio W. D. Mohammed vio a Chiara como un don de Dios para sus seguidores, lo cual revela su apertura y su humildad. Decía: «Chiara tiene la capacidad de llegar al corazón de los míos de una manera que yo no puedo hacerlo». Y en otra ocasión afirmó: «Lo que proponen los Focolares es algo que nuestra alma conoce y quiere; nuestra alma está hambrienta de ello. Por eso me considero abierto a su influencia». Todo empezó un día soleado de agosto de 1996, cuando dos limusinas negras llegaron a la Mariápolis Luminosa, la ciudadela de los Focolares situada en Hyde Park, cerca de Nueva York. Ocho afro-americanos, altos y robustos, bajaron para decirnos que el imán Mohammed iba a llegar enseguida. Venían del congreso nacional de la Muslim American Society, la asociación que lideraba, que se estaba celebrando allí cerca. El verano anterior, el cardenal Keeler de Baltimore nos había instado a conocer a este imán, pues había tenido contacto con algunos miembros de los Focolares en Europa. En aquel breve encuentro, cordial y alegre, el imán nos explicó el motivo de su visita. Había leído la biografía de Chiara y había intuido que esta mujer estaba inspirada por Dios, por lo que quería conocer mejor su obra. Al marcharse, dijo: «Todavía no me he ido y ya os echo de menos».

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