El siglo XVIII, conocido como el Siglo de las Luces o de la Ilustración, es el siglo del rey Carlos III, que llegó España desde Italia tras la muerte de Fernando VI. Su reinado, desde 1759 a 1788, quiso transformar y modernizar los distintos ámbitos de la sociedad para lograr la felicidad de sus súbditos, siguiendo la idea del despotismo ilustrado: «todo para el pueblo pero sin el pueblo». Este reformismo se concretó en las obras públicas, el comercio, la educación, la ciencia... Como protector de las artes, el monarca intervino en aspectos culturales y estéticos, pues la belleza en el arte cortesano simbolizaba las virtudes de la propia monarquía, escenificada en los lugares donde residía.
Uno de los principales ministros de Carlos III fue José Moñino y Redondo, más conocido como conde de Floridablanca. Nació en Murcia en 1728 y estudió primero en el seminario de San Fulgencio y después en la universidad de Orihuela, donde obtuvo el título en leyes. Pronto viajó a Madrid y, gracias a su relación con personajes influyentes de la Corte, fue nombrado por Carlos III Fiscal Supremo del Consejo de Castilla en 1766, cargo por el que intervino en el Motín de Esquilache, defendiendo los privilegios del rey. Más tarde, como embajador ante la Santa Sede, intervino para canalizar las tensas relaciones de Carlos III con el Papa Clemente XIV, consiguiendo la supresión de la Compañía de Jesús en 1773. En agradecimiento el rey le concedió el título de Conde de Floridablanca.
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