Histórico viaje del papa a país del Golfo: reconocimiento de la comunidad católica y grandes pasos adelante con los musulmanes.
Un viaje relámpago, del 3 al 5 de febrero. Aun así, esta visita a los Emiratos Árabes ha dejado huellas. Dos jornadas. Una dedicada al diálogo interreligioso, con un encuentro en el que participaron representantes de doce confesiones distintas y que acabó con la firma de la Declaración sobre la Fraternidad. La otra, enteramente para la comunidad católica, integrada por casi dos millones de personas, todas no originarias de esas tierras. Es decir, una Iglesia no solo de periferia, sino un fragmento de la actual cristiandad extra europea. La mayoría son asiáticos, sobre todo filipinos e indios, y consigo llevan la frescura de sus jóvenes Iglesias, pero también los hay de Oriente Medio, que aportan la historia milenaria de sus Iglesias. Para darse una idea de esta variedad, las lecturas de la misa fueron en árabe e inglés, y las intenciones de la oración de los fieles en coreano, konkani, tagalo, urdu y malayalam. Es probable que ningún papa haya tenido ante sí una multitud tan dispar de católicos. Estamos en tiempos de la globalización y los Emiratos es una de sus expresiones más características. La Iglesia no es ajena a este fenómeno.