No es como los Bancos de Alimentos. Estos recogen productos que ya no se pueden poner a la venta y los distribuye ente organismos caritativos para repartirlos entre la gente necesitada. En cambio, las tiendas WeFood, que surgieron en Dinamarca hace un par de años, responden más bien una «filosofía» de vida. Sus productos tampoco están en condiciones óptimas para ser vendidos en un supermercado, y acaso con fecha de caducidad muy próxima, pero los destinatarios ya no son indigentes, sino personas con pocos recursos económicos y, sobre todo, gente que no está de acuerdo con desperdiciar comida.
Al parecer un tercio de la producción mundial de alimentos acaba siendo desechada, lo cual no solo habla de la escandalosa diferencia entre ricos y pobres, sino de un inútil desperdicio de energía y agua empleadas en producir alimentos que acaban en la basura.
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