Singular testimonio de una familia y la comunidad de la que forman parte acogiendo en vacaciones a diecisiete jóvenes de todo el mundo.
Cuando nuestro hijo Miguel nos comunicó que estaba pensando en posponer su entrada en la universidad porque antes quería hacer una experiencia diferente, nos pareció arriesgado e imprudente, ¿fuera de lo común? Finalmente emprendió esta aventura, decidido a participar en una «Escuela Gen» durante un año, y se fue a Montet (Suiza), una de las ciudadelas del Movimiento de los Focolares. Durante ese tiempo ha convivido con jóvenes de países diferentes, continentes distintos e incluso de distintas creencias. Según nos ha contado, ha sido una vida en la que cada minuto de cada día han profundizado en el carisma de la unidad, y entre ellos ha nacido un vínculo tan fuerte y sólido como el de una verdadera familia.