El organismo jordano que se ocupa del turismo parece convencido de que lo peor ya ha pasado. La primavera árabe de 2011, la guerra en Siria y los atentados terroristas propinaron un duro golpe al turismo en Jordania, obligando a muchos operadores a cerrar o como poco tratar de sobrevivir. Pero en la primera mitad de 2018 la facturación aumentó en casi un 10%, llegando a los dos mil millones de dólares. Y es que el sector turístico es de hecho una de las mayores fuentes de ingresos en moneda extranjera en este país, cuya parte no desértica tiene las dimensiones de la isla de Sicilia.
Jordania es un país por descubrir, sobre todo en cuanto parte constitutiva de la Tierra Santa, pues alberga lugares mencionados en la narración bíblica, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, como por ejemplo el monte Nebo o el lugar del bautismo de Jesús en el río Jordán. Pero también son fascinantes determinados lugares históricos como Petra, Gerasa o Amán, y también tienen su encanto espacios naturales como el desierto de Wadi Rum. Además, y no es nada secundario, Jordania, aún rodeado por los conflictos que han atenazado el Oriente Próximo durante décadas, es un país estable.
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