Me acompaña a todas partes, como una sombra fiel. En casa se sienta a la mesa, en el trabajo se cuela en las reuniones y en la calle asoma la nariz ante un semáforo. Siempre a mi lado. A veces, estando solo, se inmiscuye en mis asuntos íntimos. La rica e inevitable diversidad es su caldo de cultivo y su alimento son las necesidades que manifestamos y las posiciones que adoptamos.
El conflicto aparece en esas situaciones en que se ponen de manifiesto unos intereses, necesidades y posturas distintos en cada interlocutor, cuando irremediablemente debemos llegar a una solución. La cuestión no es, pues, si habrá o no conflictos, sino la forma de resolverlos. No son ni buenos ni malos; su calificación dependerá de la manera como los afrontemos.