Pequeña, querida Fosca: […] Precisamente hace unos días me acordé de ti cuando, la pasada Pascua, ¡todas las compañeras y hermanas en el Ideal recibimos del Señor la plenitud del Gozo! Y pensé: cuando conocí a Fosca, yo ya tenía en el corazón la idea de que, siguiendo nuestro Ideal, un día la llevaría a la felicidad plena. Había notado en ella un fuerte impulso hacia una Idea que no engañe, que no defraude, sino que deje en el alma la plenitud que deseaba.
Eso es lo que pensé. ¡Y cómo desearía tenerte cerca ahora y hablarte, hablarte! Te contaría la grandeza y el Amor de Dios. Te diría palabras que entonces no conocía, que solo intuía, y que solo ahora conozco.
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