Tengo 26 años, soy de Caracas (Venezuela) y soy el menor de tres hermanos. Afortunadamente tengo una familia que predica el amor desde que tengo noción. Nos criamos con los valores que impregna el cristianismo y gracias a esto hemos salido adelante, obrando de la mejor manera. Debido a la crisis política, económica y social que atraviesa mi país, en 2017 tomé la decisión de perseguir mis sueños en otra tierra.
Las protestas de 2017 en Venezuela supusieron un rayo de esperanza para el pueblo, pues veíamos en ellas una salida a la actuación del gobierno. Para los jóvenes, concretamente, era una oportunidad de luchar por un cambio en nuestro país. Pero en los cuatro meses que duraron las protestas más de un centenar de personas fueron asesinadas a causa de la brutal represión, muchos de ellos jóvenes. Cuando el país volvió a la calma, la esperanza se apagó y la dictadura comenzó a tomar represalias contra los jóvenes. Por este motivo mi decisión de salir estaba más que clara.
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