El pasado mes de agosto se dio a conocer el sorprendente caso de la británica Ophelia Morgan-Dew, que con solo tres añitos, tiene un coeficiente intelectual (IQ) superior al de la mayor parte de la población mundial: 171. Una cifra que la pondría por delante, incluso, de Albert Einstein y Stephen Hawking. Pero mientras la pequeña Ophelia ha sorprendido a todos con su resultado en el test de inteligencia de Stanford-Binet, varios estudios realizados por universidades europeas y americanas afirman que desde 1975, el coeficiente intelectual de la población analizada ha ido disminuyendo sin freno.
¿Nos estamos volviendo más tontos? Para responder a esta pregunta –explica la neuropsicóloga Katherine Possin a BBC Mundo– tenemos que saber dos cosas: cómo han medido la inteligencia los autores de estos estudios y qué tipo de inteligencia estudiaban. La respuesta es que todos ellos se basan en los test de IQ, que incluyen pruebas de aritmética, vocabulario y razonamiento visual.
El problema de estos test, diseñados en 1905, es que al afirmar que alguien es «inteligente» hablan de la inteligencia «en singular», una inteligencia lógica y analítica, pero no tienen en cuenta que existen otros tipos de inteligencia. Una de las teorías más conocidas sobre las inteligencias múltiples es la del psicólogo e investigador estadounidense Howard Gardner, que distingue entre inteligencia lingüística, musical, lógica-matemática, espacial, corporal-kinestésica, interpersonal y naturalista. Y se podrían sumar otras, como la emocional o la creativa.
Leer más