La entrega anterior concluía diciendo que la unidad de pensamiento para Chiara Lubich no es un punto de llegada, sino más bien un inicio de diferenciación en el que la Sabiduría ilumina y hace fructificar las capacidades de cada cual. A este proceso lo llama «trinitización», una nueva forma de creatividad en la comunidad.
El diálogo
Todos, pues, son candidatos a la comunión. La carta apostólica de Juan Pablo II Novo millenio ineunte habla de la Iglesia como de una «escuela de comunión» para quienes aún no conocen ese estilo de vida, pero mucho antes Chiara Lubich había visto en el diálogo la forma de darla a conocer a todos. La comunión es una condición necesaria para dialogar: «Una comunidad, para estar en condiciones de abrir un diálogo, ha de ser comunión de hecho, porque antes de dirigir la palabra a los demás, es necesario dar testimonio de ella con la vida»1.
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