En su tarea docente, esta profesora universitaria descubre que su función es dirigir y orientar, pero el Maestro es otro.
El curso pasado fue mi segundo año como docente en la Universidad. Recuerdo que cuando acabé Medicina y me gradué, el padrino de graduación dijo entre otras cosas: «Aquellos que sientan vocación por la docencia no la dejen escapar, pues es necesaria para dar continuidad a este arte de la Medicina». Me sentí reflejada e interpelada por esas palabras. De hecho, prefiero aquellos hospitales donde hay médicos en formación, los residentes.
La docencia en la Universidad, sin embargo, me llegó por sorpresa y, aunque fue una alegría, también ha requerido mucha dedicación por mi parte.