Tengo la impresión de que, como a mí, a ustedes también les asaltan estos y otros muchos interrogantes.
Y no les voy a repetir esas noticias que a menudo abren los telediarios, ocupan las primeras páginas de los periódicos o sirven de editorial; son reales, nos importunan e, incluso, encienden nuestra rabia. Ahora bien, una vez pasada la indignación y el enfado, ¿qué queda? Nos queda la educación y la respuesta que podamos dar desde ella.
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