En una interesante charla el profesor Higinio Marín, titular de Filosofía Antropológica en la Universidad Cardenal Herrera-CEU, aborda el tema de la libertad en una cultura relativista como la que nos ha tocado vivir. «En la realidad –dice– no hay nada que de por sí merezca ser elegido», precisamente porque ha sido vaciada de valores. La consecuencia de esta concepción existencial es «la interiorización de la equivalencia indiferente del mundo, y eso se llama tedio, aburrimiento», que no es solo un estado de ánimo, sino «la posición ontológica del ser humano ante sí mismo y ante su existencia».
Combatir el aburrimiento, pues, va más allá de la mera distracción que puede llenar un tiempo de descanso como son las vacaciones. Chiara Lubich, maestra de espiritualidad con una visión antropológica propia del hombre contemporáneo, anota el 4 de agosto de 1968 en una página de su diario que el valor del descanso vacacional reside en que «Dios nos pide que mantengamos bien este cuerpo hasta que él lo quiera». Y añade: «Este respeto por la salud ha de ser luz, porque si no, no vale. Ha de ser amor».
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