Si miramos la naturaleza, parece como si Jesús le diese también a ella su mandamiento nuevo.
He observado dos plantas y he pensado en la polinización. Antes de esta, las plantas crecen hacia lo alto, como si amasen a Dios con todo su ser. Después se unen casi como si se amasen recíprocamente como se aman las Personas de la Trinidad. De dos hacen una sola cosa. Se aman hasta el abandono, hasta perder –como si dijéramos– su personalidad, como Jesús en el abandono. Después, de la flor que de ahí brota nace el fruto, y así la vida continúa. Es como la Vida eterna de Dios impresa en la naturaleza.
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