Mi primera experiencia con un terremoto ha sido en México. Fue muy extraño y estaba muy asustada. Me alegré al saber que íbamos a ir a Contla para ayudar, pues supe que allí las casas estaban muy afectadas. El primer contacto con el pueblo fue impactante. Había visto imágenes y fotos de desastres naturales por televisión, pero verlo en la realidad fue muy diferente. Nunca había visto tanta destrucción y nunca imaginé que este proyecto fuera a ser tan importante en mi vida.
Nuestra primera tarea fue ayudar a hacer paquetes con comida, champú, jabón, papel higiénico y artículos de primera necesidad. Trabajamos muy duro limpiando las calles, quitando escombros y buscando los pocos enseres que quedaban en las casas. Teníamos rasguños en los brazos y durante días nos dolía todo por el esfuerzo, pero este dolor no importaba. Lo que realmente dolía era ver a gente en esa situación. Y me impresionó que en esas circunstancias se preocuparan tanto por nosotros, por si comíamos bien, por si queríamos más…
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