El pueblo de Contla, de 200 habitantes y 50 casas, fue uno de los afectados. En septiembre, un grupo de jóvenes de Alemania, Argentina, Colombia, Panamá, Salvador, Guatemala, México y Costa Rica decidieron ir a ayudar a la población campesina en un grupo de unos 40 voluntarios. Cuando cruzaron el puente colgante que da acceso al pueblo, se encontraron con que 15 de los hogares habían quedado destruidos, y más de la mitad habían sufrido importantes daños que obligarían a derrumbar parcial o completamente las casas. Por eso, en la primera visita, sus esfuerzos se concentraron en demoler casas, habitaciones, reunir víveres, trasladar escombros… sin que el cansancio, las heridas o la deshidratación les impidieran ayudar.
En España, por desgracia, muchos hemos olvidado ya esta tragedia, pero este grupo de jóvenes sintió que su labor no podía terminar ahí, y comenzaron un proyecto con el dinero reunido por una de las jóvenes en su parroquia de Alemania. Gracias a esta ayuda desinteresada han conseguido construir, de momento, tres casas que ya están pintando.
A lo largo de las visitas realizadas en octubre, diciembre, enero y Semana Santa, se han establecido relaciones con algunos de los habitantes de Contla, que los acogen como si fueran uno más del pueblo. Una de las jóvenes voluntarias cuenta que han vivido momentos en los que «se sentía la fragilidad humana a flor de piel» y al mismo tiempo «también la solidaridad», aun en medio del dolor. La población de Contla está muy agradecida por la continuidad de la ayuda pero, sobre todo, por la relación que han establecido entre todos. De hecho, dos de las familias los han invitado a volver no solo para ayudar, sino para conocerse más y enseñarles los alrededores del poblado.
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