Con su pluma clara, directa, coloquial y sencilla, fácilmente comprensible porque llega al corazón, Francisco vuelve a dirigirse al hombre común en sus circunstancias para ofrecerle un camino de santidad, o mejor, de felicidad.
Podría parecer que solo se reconocen como santos a los que han vivido las virtudes heroicas o el martirio, o a los que han entregado su vida por los demás, como María Gabriela de la Trapa, que ofreció su vida por la unidad de los cristianos. No, dice el Papa, «el Espíritu Santo derrama santidad por todas partes»; está en el pueblo. La santidad la encontramos en el «de la puerta de al lado».
Leer más