La primera vez que vi una fotografía de Lorena en la línea de salida a punto de empezar una ultramaratón, me impresionó.
Todas las atletas lucían sus camisetas de fibra, zapatillas de marca con sus modernos sistemas de amortiguación, mochilas con manguitos de agua para ir bebiendo (una ultramaratón son más de 42 km), mallas, calcetines largos que aprietan el músculo para que circule mejor la sangre; en fin, corredoras preparadas para toda una carrera de larga distancia. Pero Lorena llevaba sandalias y un vestido confeccionado por ella misma que le hacían parecer el elemento intruso en la foto, alguien sin posibilidades en esta difícil carrera. Y sin embargo, ganó.
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