Hoy son muchos los colectivos e instituciones que están poniendo en marcha programas y proyectos de cooperación al desarrollo. Entre ellos, las universidades. Y es que, si queremos mejorar la salud, el papel de la mujer, la protección del medio ambiente y tantos otros temas, es fundamental desarrollar y mejorar la ciencia, la tecnología, la educación y la formación en estos países.
Por eso, en los últimos años, las universidades han ido asumiendo un creciente protagonismo en la cooperación al desarrollo, poniendo en marcha un amplio abanico de actividades para promover la colaboración intelectual con el fin de permitir el acceso y la transferencia del conocimiento a través de las fronteras. Esa cooperación puede darse entre universidades (para compartir experiencias, recursos, etc.) o entre universidades y otros agentes sociales (actividades de voluntariado, etc.).
Con el objetivo de difundir la realidad del subdesarrollo y sus efectos, se está formando a profesores universitarios en materia de cooperación e incluso creando estudios propios e investigación sobre este tema. Un claro ejemplo es el Máster en Cooperación Internacional para el Desarrollo de la Universidad de Salamanca, que abre la posibilidad de encontrar en este área una futura salida laboral.
Las universidades ya han tomado conciencia de la importancia de mostrar a los alumnos la situación de desequilibrio mundial, así como de llevar a cabo acciones que les hagan salir de su entorno local, una responsabilidad del sistema universitario cada vez más demandada por la sociedad. Por eso, muchos ya se han puesto manos a la obra.
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