Cada tarde, al salir del cole, Juanjo iba con su madre a casa de los abuelos. Su abuela preparaba la merienda más rica del mundo y su abuelo contaba cuentos mejor que nadie. Esa tarde entró como un correcaminos y pilló al abuelo un poco traspuesto en su sillón, pero lo espabiló enseguida.
–«¿Qué cuento vamos a leer hoy?», preguntó el muchacho.
–«Vamos a ver, déjame que me espabile y trae el libro. ¿Qué tal en el cole?», le preguntó interesado.
–«Bien, pero… ¡hay en mi clase un niño más tonto…! Ha venido de China y nunca sabe lo que hay que hacer», explicó Juanjo.
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