En estos tiempos tan agitados en la esfera política es un alivio recordar figuras como la del italiano Domenico Mangano (1938-2001), quien consideraba la política como el amor de los amores. Militante en un sindicato, siempre dispuesto a denunciar las injusticias, resultaba incómodo incluso para su propio partido.
Los quince años que trabajó en la administración pública local le permitieron anticipar esas políticas sociales que hoy se dan por descontadas: la construcción de casas de acogida, la inserción escolar de los niños discapacitados, los acuerdos sobre protocolos de colaboración entre el municipio y la cárcel para la inserción laboral de expresidiarios…
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