Si nos amásemos entre cristianos como si estuviese María, nuestra Madre, entre nosotros, creo que tendríamos una mayor comprensión de la Palabra de Dios que nos predican los seguidores de los apóstoles… y esta penetraría en nosotros y en los demás tan fuertemente que desencadenaría en torno a nosotros la revolución cristiana…; pues –digámoslo abiertamente– dormitamos, acampamos y nos recreamos con mil vanidades, haciéndonos pasar por cristianos, mientras la revolución del odio invade el mundo.
(Diario, 21 de noviembre de 1960)
María no fundó nada en la Iglesia, pero dio vida al Fundador de aquella, de la cual es considerada Madre.
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