Suena el teléfono y una voz llena de energía y vitalidad responde. Es Julio Rodríguez, capitán de la guardia civil retirado, traductor para la Conferencia Episcopal Española hasta hace apenas un mes y exdirector de Cáritas de la iglesia San Juan de la Cruz de Madrid. Un hombre extraordinario que a sus 86 años podría estar solo en casa viendo pasar la vida a través de la ventana, pero eso nunca ha ido con él. Ahora participa en el programa Convive del ayuntamiento y en la ong Solidarios.
Este curso tiene compañera de piso; se llama Denise, cubana de 28 años y estudiante universitaria. «Tengo mucha relación con mis tres hijos, pero no quiero ser un estorbo. Quiero ayudarles. Ellos están casados y yo vivo a las afueras de Madrid...», explica Julio.
Normalmente él y Denise se levantan a las 6:30 de la mañana y desayunan juntos. Ella le deja comida preparada y Julio hace la cena. Por la noche se ven y charlan. «Hablamos de todo. Ella también es muy creyente y sintonizamos mucho. A veces la convivencia es difícil, pero nosotros no tenemos problemas. ¡Yo lo veo hasta milagroso! Es un regalo del Cielo. Para ella es como si yo fuera su abuelo de toda la vida, y para mí, como si fuera una nieta; la considero familia», añade Julio.
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