«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38)
En su casa de Palestina, un lugar anónimo en la periferia del potente Imperio Romano, una mujer joven recibe una visita inesperada y estremecedora: un mensajero de Dios le trae una invitación y espera su respuesta.