En el Concilio [Vaticano II] se ha hablado del laicado, y algunos padres [conciliares] se han mostrado poco satisfechos con un esquema demasiado «clerical», donde no se le da a la figura del laico la relevancia que le corresponde y se insiste más bien en la simple función de ayudar a la jerarquía. Quizá se perfilaría mejor la figura del laico –que también es «Iglesia»– si se explicasen un poco más extensamente y mejor algunos aspectos de María Santísima.
Ella, nos parece, es el modelo, aunque «excepcional» y «singular», del laico.
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