El primer día fue bastante chocante y muy, muy duro. Al menos para mí. No crean que nos trataron mal; al contrario, las personas que nos acogieron se habían encargado de proporcionarnos muchísimas comodidades inesperadas. Nos alojamos en unas habitaciones muy agradables, descansamos, fuimos a la playa… Pero, en el fondo, sentíamos que faltaba algo, sobre todo después de haber vivido la semana anterior casi en el paraíso.
Nos habían dicho que la mayor parte de las actividades de voluntariado planeadas se habían cancelado por imprevistos de última hora, y eso nos decepcionó mucho. ¡Habíamos viajado hasta Croacia para participar en un campo de trabajo y eso solo parecían unas vacaciones! Además, sabíamos que en otros campos sí se estaba trabajando y eso nos frustraba. Nos costó dos días adaptarnos a esa situación, pero nos ayudó muchísimo saber que tanto nuestros padres como otras personas nos animaban.
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