Para vivir juntos unos días y dar pasos
en la construcción de la unidad de la familia humana, hemos profundizamos en uno de los puntos de la espiritualidad de los Focolares: Jesús abandonado.
Muchos son los rostros de este Jesús. Los encontramos, como se señalaba en la carta de invitación a los encuentros temáticos, en «todas aquellas situaciones de dolor que observamos a nuestro alrededor, que amamos, abrazamos y asumimos como propias, desde el convencimiento de que debemos y podemos dar una respuesta juntos –o lo estamos haciendo ya– desde el ideal de la unidad y la fraternidad universal».
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