Viviendo una Palabra [del Evangelio] y luego otra y otra más, habíamos constatado que, al poner en práctica cualquier Palabra de Dios, los efectos al final eran idénticos. […] El hecho es que cada Palabra, aun expresada en términos humanos y diversos, es palabra de Dios. Pero, puesto que Dios es Amor, cada palabra es caridad. […] Y cuando una de estas Palabras caía en nuestra alma, nos parecía que se transformaba en fuego, en llamas, se transformaba en amor. Podíamos afirmar que nuestra vida interior era toda amor. […]