Estoy convencida de que la unidad, en su aspecto más espiritual, más íntimo y más profundo, no puede comprenderla más que el alma que ha elegido a Dios como su heredad en la vida…, a Jesús abandonado, que grita: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué también Tú me has abandonado?».
Hermano, ahora que he encontrado comprensión en usted en lo que constituye el secreto de la unidad, querría y podría hablarle durante días sin fin. Sepa que Jesús abandonado lo es todo. Es la garantía de la unidad.
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