Después de haberse interesado por aspectos colaterales del viaje, los medios de comunicación, que van detrás de lo instantáneo, ya se han olvidado de la visita del Papa a Egipto los pasados 28 y 29 de abril. Pero ciertos elementos de este viaje hay que tenerlos muy en cuenta para evaluar la trascendencia de la visita.
Hay quien lo ha hecho con bastante acierto, subrayando por ejemplo la importancia del discurso de Francisco al presidente Al-Sisi, en el que recogía las inquietudes que suscita el régimen actualmente vigente en el país. A saber, el respeto de los derechos humanos, más atención a las libertades (significativo el momento informal en que el Papa y el presidente discutieron sobre la libertad), respeto a las minorías, el uso de la fuerza. Eso sí, el Papa manifestó estas reclamaciones con amabilidad, subrayando todo lo que ya se hace al respecto y procurando apoyar más que derribar.
Otro avance que muchos han señalado es la cuestión de rebautizar. Y es que algunas Iglesias ortodoxas tienen la costumbre de volver a bautizar a los cristianos que proceden de otras Iglesias. Pero esta práctica en realidad implica no reconocer el fundamento del único bautismo, uno de los pilares a los que se aferra el Papa Francisco. Tawardos II, de la Iglesia ortodoxa copta, y Francisco, ambos papas, han suscrito un documento que no obliga a nadie, sino que invita amablemente a evitar la práctica de rebautizar, cosa que el predecesor de Tawardos II había introducido en la Iglesia ortodoxa copta.
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