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¿Cajas negras en los coches?

José Fernández del Moral

LEYES
E l problema de los accidentes de tráfico es de tal calibre que siempre estaremos buscando métodos para evitarlos. Ante la constante sangría de heridos y fallecidos en carretera, deben plantearse todas las medidas imaginables y dar la bienvenida a cualquier idea que tienda a que los conductores nos responsabilicemos y las imprudencias se reduzcan. Como abogado, siempre he considerado dificilísima la labor del juez. Oye a unos afirmar una cosa y a otros decir lo contrario, basándose en los datos objetivos debe decidir quién tiene razón, o por lo menos quién tiene más razón. La actuación judicial es casi siempre dificultosa, pero en el caso de los accidentes de tráfico se complica extraordinariamente. No sé si han asistido a un juicio de tráfico. Simplificando un poco, los intervinientes afirman rotundamente que no han tenido culpa de nada, que circulaban con corrección y que fue el otro quien cometió la irregularidad que provocó el percance. Y el juez ha de tomar una decisión en base a los pocos elementos probatorios objetivos, que muy a menudo son los señalados en el atestado policial: cómo quedaron los coches, en qué lado estaban dañados, si había frenazos recientes en la calzada, etc. Con esos datos, escasos e inexactos la mayoría de las veces, el juez tiene que hacerse una composición de cómo ocurrió el accidente. Y al final la práctica judicial se suele mover por unas presunciones generales que, aunque pueden ser acertadas, en muchos casos no lo son. ¿Conocen la famosa máxima de que el vehículo que alcanza a otro por detrás siempre tiene la culpa, salvo que se demuestre lo contrario? La falta de datos objetivos incomoda a los que trabajamos en el ámbito de la justicia, dificulta el conocer realmente lo ocurrido y, por tanto, complica el repartir responsabilidades con equidad. A menudo a uno le queda el regusto amargo de acabar un juicio sabiendo que alguien ha salido sin que se le exija responsabilidad alguna, mientras que otro, que sólo tenía parte de culpa, ha acabado pagando los platos rotos. Mucho me temo que así no se ayuda a los conductores a hacerse conscientes y responsables.

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